domingo, 23 de marzo de 2014

Mi patrón del dinero






Los últimos fines de semana, por circunstancias que no vienen al caso, me "ha tocado" escabullirme (jejeje) del mundanal ruido de la capital. Este finde por contra, apenas tengo qué hacer. Bueno, no tengo quehacer fuera de casa porque lo que es dentro no sé por dónde empezar.

Como si las últimas 4 mudanzas en escasos 3 años no hubieran sido suficientes, en la próxima semana vuelvo a cambiarme de piso (por supuesto a mejor). A esto, como a tantas otras cosas difíciles de la vida, al final también se le coge gustillo... Porque para mí tiene una gran consecuencia positiva: la consiguiente limpia y desecho de aquellas cosas que ya no sirven. Este nuevo orden y eliminación de material superfluo, también tiene una repercusión positiva en nuestro propio orden emocional y mental.

Lo mismo sucede con la forma de entender nuestras finanzas personales y con las emociones y sentimientos que nos provoca el dinero. Con cierta periodicidad hemos de analizar los patrones de conducta que tenemos y tratar de depurar los pensamientos negativos, bien porque nos hacen daño, bien porque nos dificultan la forma de desenvolvernos con él.

El primer aprendizaje que recibimos acerca del dinero suele provenir de nuestros familiares más cercanos: nuestros padres y hermanos, abuelos, tíos... De forma histórica este tema, junto con la sexualidad (ya sabéis que mi madre es terapeuta sexual), ha sido tabú dentro de muchas familias, en algunas incluso sigue siéndolo a día de hoy.

Para conocer ese aprendizaje hay que pararse a pensar un poco:
¿Se hablaba con libertad del dinero en tu familia? ¿Qué opinión se tenía/tiene de los ricos y de los pobres? ¿Escuchaste pelear a tus padres o familiares por dinero? ¿Viste sufrir a alguien cercano porque sus ingresos no eran suficientes? ¿Cuando de niño pedías dinero se te daba con facilidad?

Estas preguntas son solo algunos modelos y ejemplos de comportamiento que en base a la repetición contribuyeron a formar tu patrón sobre el dinero. Así pues, la forma de desenvolverse de nuestros padres y de nuestra sociedad es la que previsiblemente nos ha marcado a nosotros y en base a la cual actuamos hoy.

Una forma rápida y sencilla de analizar nuestro patrón, además de conocer la educación recibida y respondernos a las preguntas anteriores, es revisando las cantidades de dinero que manejamos en la actualidad. Estas pueden haber disminuido, estar manteniéndose o pueden estar creciendo con el tiempo.

Sea cual sea tu situación, es seguro que se debe en gran medida a esa parte intangible de nuestra mente: el inconsciente. Es aquí donde se forja y actúa nuestro patrón del dinero: el cúmulo de creencias, pensamientos y emociones que determina nuestra conducta financiera.

Por esto me encuentro a empleados de banca, economistas, financieros, etc. que contando con conocimiento técnico para administrar la economía o riqueza ajenas, no son capaces de hacerlo en sus vidas personales, motivo por el que mucha gente vive hiper-endeudada.

Pero no todo queda aquí, existe también un sentido de pertenencia familiar, es decir, nos manifestamos de manera inconsciente de forma leal a la tradición familiar. Por ejemplo, uno puede creer que sólo trabajando duro podrá conseguir prosperar y alcanzar bienestar, porque es así como en su familia se ha venido haciendo. Esta persona no podrá por tanto generar riqueza de forma sencilla porque su propia creencia no se lo permite, su lealtad familiar le exige continuar trabajando duro y la mayor parte de las veces, de forma no consciente. Robert Kiyosaki explica muy bien en sus libros esta diferente forma de pensar y entender el dinero, según tenemos mentalidad de Rico o de Pobre.

Por tanto, nuestro presente financiero es el resultado de aquello que aceptamos como realidades y verdades acerca del dinero. Muchas de ellas no las hemos analizado en profundidad, y las replicamos sin darnos cuenta. Nuestros padres tienen su propio patrón, fruto de su educación, aprendizaje y experiencia personales, por lo que nosotros en base a nuestra propia experiencia de vida hemos de hacernos nuestro propio Patrón, y empeñarnos en que sea lo más sano posible para nuestra satisfacción personal.

En muchas ocasiones he escuchado comentarios como "los ricos son unos tiranos", "el poder económico corrompe", "los pobres son más humildes", "la gente de África es más feliz" y un sinfín más. Todas estas sentencias vienen a demostrar que no todo el mundo interpreta y percibe las relaciones con el dinero de la misma manera.

En mi experiencia, he de decir que la pobreza o riqueza propias no determinan la forma de actuar de la gente, sino que la forma de pensar y actuar de cada uno determina cómo de pobre o rico se es, sino financieramente hablando, sí mentalmente.



En mi día a día trabajo con mucha gente que tiene su vida económica resuelta, pero no solo la suya o la de su entorno familiar más cercano, sino la de varias generaciones posteriores. La forma de desenvolverse de estas personas con el dinero  es indudablemente más sencilla que la del resto de los mortales, que hemos de trabajar duro para obtener unos buenos ingresos. Lo que si aprecio es una nota común en su forma de pensar respecto al dinero: son más conscientes, más atentos y tienen unas creencias más abiertas para obtener aún más. Revisan con más frecuencia su situación financiera, siempre buscan nuevos negocios sobre los que trabajar, buscan especialistas para cada necesidad que les surge sobre las que no están al día y supervisan con mucha atención que el trabajo de éstos sea impecable. 


Por contra, también me encuentro a familias más humildes, cuya situación financiera no es fácil. Dando por hecho que las generalizaciones no son buenas, es cierto que muchos comparten el mismo pensamiento acerca del dinero: "los pobres son humildes, los ricos son corruptos y tiranos". Aún queriendo prosperar y mejorar su situación personal, su propia creencia se lo impide. 



Esta circunstancia común me confirma que existe un distinto patrón de pensamiento entre unos estratos sociales y otros, y me hace cuestionarme hasta qué punto ese patrón de pensamiento condiciona la vida de muchas personas.




Así pues, un buen punto de partida sería conocer la Personalidad Financiera propia. Si durante esta semana no cambio de idea, sobre ella escribiré en el próximo post.



Por último, ¿Conoces tu patrón de conducta? ¿Te has parado a pensar antes en el aprendizaje financiero recibido? Me encantará que compartáis vuestras experiencias.

Me voy a seguir haciendo cajas y a depurar mis armarios y estantes...

Un fuerte abrazo.


domingo, 16 de marzo de 2014

¿Qué es el Dinero?








¿
Según el diccionario de la Real Academia Española de la lengua (RAE), el dinero es la "moneda corriente, hacienda o fortuna". Si desgranamos esta explicación, nos define la moneda como una "pieza de oro, plata, cobre u otro metal, regularmente en forma de disco y acuñada con los distintivos elegidos por la autoridad emisora para acreditar su legitimidad y valor, y, por extensión, billete o papel de curso legal".
En su tercera acepción, y ya con mayor contenido económico, nos indica que la moneda es también un "instrumento aceptado como unidad de cuenta, medida de valor y medio de pago".
Nos indica que la hacienda es el "conjunto de bienes y riquezas que alguien tiene." Y la fortuna, además de "suerte favorable" y "éxito", se define como un "capital, caudal, fortuna".

Lo que para mi gusto le falta a estas definiciones es la explicación de esa aceptación, del valor que se le otorga para que se utilice a día de hoy como medio de pago y enriquecimiento. 

Así pues, y atendiendo un poco a la historia, en sus inicios las monedas adquirían valor por lo que se valoraba el metal del que estaban acuñadas. Ciertas personas eran ricas, no solo por las tierras, animales, ejércitos o materias primas de que disponían, sino por la cantidad de monedas con que contaban sus arcas personales. 

Con el paso del tiempo, las monedas de oro, plata, cobre o bronce dejaron de estar en circulación y empezaron a acuñarse con metales de menor valor. Fue a partir de entonces cuando el importe de éstas se mantuvo gracias a que los Bancos Centrales de cada país tenían a buen recaudo una reserva en oro equivalente a la suma de todo el billete y moneda que había en circulación en el país (o incluso fuera). Así pues, los ciudadanos no confiaban en la pieza o billete en cuestión sino en el oro que lo respaldaba de fondo. 

Según fue avanzando la historia, las reservas de oro fueron disminuyendo, las nuevas generaciones ya habían aprendido a cuantificar el importe de cada moneda y de cada billete por el color y el tamaño, hasta el punto de que muchas personas siquiera sabían que existía ese respaldo en los Bancos Centrales.

A día de hoy, son cada vez menos los países que mantienen esas reservas en oro, por lo que el dinero existe gracias a la confianza que entre todos depositamos en él. Esta confianza es tal que si a cierta distancia apreciamos en el suelo un papel marrón de cierto tamaño, es muy seguro que nos acercaremos a ver si se trata de un billete de 50 euros. Si una vez encima apreciamos que se trata de un billete de algún juego de mesa, seguro que siquiera nos agachamos a recogerlo. Ahora bien, al menos yo, he terminado agachándome en alguna ocasión y me he llevado una desilusión cuando me daba cuenta de que era una publicidad, de aquella que en cierta época se veía a menudo. 

Estoy convencido de que si pudiéramos irnos muchos siglos atrás, y a la salida del circo romano dejáramos un billete de 50 euros, la gente pasaría por encima y lo pisaría sin mayor importancia. Al fin y al cabo no es más que un papel impreso. Esto mismo sucedería cuando el billete se encontrase tirado en una cultura en la que el euro (o cualquier otra moneda de curso legal) no tienen ese valor y que su única forma de cambio fuera el trueque.

Analizando el paso de los siglos, nos encontramos con una importante evolución. En una primera época el valor del dinero era intrínseco, es decir, no valía en sí la moneda sino que se le daba forma a ciertos metales preciosos para poderlos intercambiar. Su valor dependía del metal en que se acuñaban. Mucho tiempo después pasamos a tener un valor de contrapartida, el metal en sí no adquiere valor ninguno, pero existe confianza en el dinero por las reservas que lo soportan. A día de hoy le damos un valor fiduciario o valor legal propio, es decir, depende del crédito y de la confianza que se le otorga.

Tras todo esto, podemos decir que el sistema económico de hoy se basa en gran medida en la confianza de todos. Porque de no existir esta confianza en el dinero, no trabajaríamos por un sueldo. Es más, no solo confiamos en los billetes y las monedas, sino que confiamos también en los números que vemos en una pantalla, un folio o una cartilla, cuando sabemos que están depositados en una entidad financiera. Si no confiáramos en el ingreso de nómina, seguro no trabajaríamos por dinero, sino a cambio de bienes que necesitamos para nuestro día a día. Si nos fiáramos, habríamos incluso  de volver al trueque.

Me gusta analizar esta evolución porque me parece significativa en la historia de la humanidad, y  en cómo las evoluciones sociales y humanas han venido también relacionadas con el tipo de economía que se desarrollaba en la época, y su fiel medio de cambio: la moneda.


¿Para qué sirve el dinero?

Una vez sabemos qué es el dinero y hemos pensado en la característica principal que permite su existencia, necesitamos conocer su utilidad.

Ante esta pregunta me he encontrado muy diversas respuestas ya que a todos se nos vienen a la cabeza infinidad de cosas que querríamos tener y hacer con él y para mí todas ellas son válidas. Ahora bien, la respuesta a esa pregunta es muy clara y concisa: el dinero SOLO SIRVE para emplearlo o para guardarlo. No tiene más fin ni más posibilidades. Lo que en consecuencia si puede variar es el destino, tanto al emplearlo como al ahorrarlo, y es aquí donde el coaching financiero cumple un papel importante: tanto en la forma de conocer cómo lo empleamos, como en la importancia, las posibilidades y las herramientas para su ahorro. 

¿Se os ocurren otros destinos? ¿Habíais pensado en la importancia de la confianza en el dinero? Es necesario confiar en él para su uso pero a su vez, como comentaba en post anteriores, es importante confiar en uno mismo y conocerse en profundidad para hacer el mejor uso posible del mismo. Recordemos que el tiempo es escaso y el dinero ilimitado, asi que nuestra consideración personal tendrá relación directa con la forma de obtenerlo y de destinarlo.

Como el contenido es amplio, querría profundizar más, pero me gustaría que me indiquéis qué intereses tenéis para el siguiente post. Para facilitarlo tengo varias posibilidades aunque también me podéis lanzar propuestas distintas: 
¿Para qué sirve el dinero? ¿Cómo se obtiene el dinero? ¿Qué tipos de dinero existen?

Os leo en los comentarios...

Hasta pronto!

Javier.


sábado, 8 de marzo de 2014

Tiempo y dinero.





Os voy a desvelar algo que para mí es importante, diría que vital, porque es el único concepto (junto con las emociones a las que dedicaré otro post) que considero tiene una estrechísima relación con el dinero y en consecuencia con nuestras finanzas personales. Como indica el título me refiero al Tiempo.

El tiempo, o mejor dicho su percepción y gestión, van de la mano de las finanzas personales y vengo percibiendo que no todos valoramos esta dualidad cada vez que se presenta la necesidad en nuestro día a día. Y sí, hablo de necesidad aunque me gusta poco este concepto (habrá otro post asociado a estas), porque se requiere conocerse, valorarse, aceptarse y querer evolucionar, antes de poder trabajar sobre las finanzas propias. Por ello es necesario pensar en ambas cuando se nos presenta la ocasión y conocer nuestra tendencia personal en la forma en que nos desenvolvemos con el dinero (pensamientos, personalidad financiera, emociones...).

Porque estaréis conmigo en que el tiempo es de los pocos conceptos que es limitado, o más bien, limitadísimo. En nuestro quehacer diario escuchamos muchas quejas y comentarios de nuestro entorno, y una de las más habituales tiene que ver con la falta de tiempo. Este, en su mayoría, o al menos en una cuantía importante, se destina al trabajo, lo que a su vez nos repercute dinero. La forma de emplear este dinero habría de hacerse pensando en el tiempo que nos ocupa obtenerlo, y la necesidad real o ficticia de un consumo concreto. Es decir, si mañana queremos comprarnos una fantástica prenda del último escaparate en que nos hemos parado, sería razonable valorar su precio en función del tiempo que nos conlleva obtener ese importe. Esta forma de pensar nos permite cerrar el círculo de la paridad tiempo-dinero y acercarnos a la valoración personal de nuestro tiempo en función de cómo venimos empleando el dinero. Por esto, aquí es donde entra en juego la valoración de uno mismo, respecto al esfuerzo y y a los minutos (u horas para gastos de mayor importe) que requerimos para decidir permitírnoslo. Así pues, no pretendo hacer un post sobre gestión del tiempo porque para ello hay ya muchos libros y teorías (os recomiendo utilizar el Método GTD de David Allen), sino simplemente asociarlo y valorarlo bajo una concepción financiera.

Es más, y profundizando otro poco en la materia, podemos concebir el dinero como una variable infinita puesto que no es posible imaginar la cantidad de dinero que podría llegar a nuestras manos, principalmente porque desconocemos la cantidad real que existe en circulación (otra cosa es como conseguirlo pero os aseguro que a día de hoy aún no he descubierto la panacea). Por el contrario, el tiempo es limitado, escasísimo me atrevo a decir, tanto que salvo que se demuestre empíricamente lo contrario y respetando las distintas creencias, tan solo tenemos una vida, la que estamos viviendo. Se nos pasan las semanas sin darnos cuenta, cambiamos de estación sin apenas recordar cuando sacamos el abrigo o volvemos a las chanclas y bermudas, cumplimos años sin ser conscientes y disfrutamos de las navidades y las vacaciones como algo fugaz, que apenas podemos recordar en profundidad.

Así pues, siempre que tengamos en mente una decisión que tomar, que conlleve un aspecto Financiero, indudablemente habremos de tener en cuenta la ecuación con la variable Tiempo.

Cuando se piensa en esto detenidamente y empezamos a decidir con esta polaridad en mente, actuamos con una escucha aún más interna (también un concepto gestáltico) lo que permite comenzar a desenvolverme de una forma que me satisface más a mí mismo. Permitidme que llegado este punto me acuerde del egoísmo, ya que mucha gente podrá tachar esta forma de actuar indicando que resta importancia a los demás. Este concepto está absolutamente tachado en nuestra sociedad pero es fundamental, en su cierta medida, para estar y convivir bien con uno mismo.

Lo que busco con todo esto es que demos un salto más en nuestra propia realidad y seamos conscientes de que este tipo de decisiones, aunque tienen un importante contenido social, son personales. Que en la vida tenemos trabajos, familia, pareja, hijos, amigos, y al mismo tiempo caprichos, consumos prescindibles y necesidades imprescindibles, y que están en nuestra mano las decisiones sobre cómo y en quién empleamos ambos.

Esta concepción dual es fundamental para mí y será importante recordarla cuando veamos nuevos conceptos, como por ejemplo el de salario por hora o el de riqueza en meses, así como su relación con los ingresos y gastos actuales.

Porque al final, casi todo en esta vida (me permito incluir ese casi para dar pie a debate) tiene relación con el tiempo y con el dinero que se emplean.

¿Qué opinión tenéis del tiempo? ¿Habíais pensado antes en esta relación? ¿Vuestras decisiones cotidianas más banales tienen en cuenta esta ecuación? ¿Os habéis encontrado con ocasiones en las que habéis dudado en el momento de comprar?

Nos escribimos pronto.

Javier.


domingo, 2 de marzo de 2014

¿Qué es el Coaching Financiero?



 Foto: flickr


La inmensidad del océano puede resultar difícil cuando se rema en soledad, pero tener una persona al lado, remando hacía un mismo objetivo, siempre nos brinda compañía, confianza y apoyo.

¿Qué es el Coaching Financiero?

Yo entiendo el Coaching Financiero como una herramienta más para el desarrollo personal. Así pues, me gusta considerarlo una especialidad dentro del Coaching, cuyo objetivo es conseguir una meta de contenido económico-financiero, que se encuentre dentro de un Plan de Vida personalizado.

Para ello se aplican distintas herramientas del coaching y de las finanzas, orientadas al crecimiento personal sobre una base financiera, y por medio de un proceso que engloba las relaciones con el dinero y las creencias personales.

¿A quién va dirigido?

Dentro del contexto de desarrollo humano, éste puede ser efectivo para cualquier público, desde las personas que prevean posibilidades de mejora en su gestión financiera, hasta emprendedores o empresarios que buscan un crecimiento profesional.

Si trato de particularizar, se me ocurre que puede despertar especial interés para:

 -Aquell@s que sienten no tener una base financiera y tan solo pensar en números les paraliza.

 -Personas que tienen un sueño, una inquietud, una ilusión, un plan de negocio o un nuevo plan de vida que les gustaria desarrollar y que por motivos económico-financieros no alcanzan a dar el paso.

 -Gente a la que la economía y las finanzas les provoca rechazo, pereza, apatía o incluso miedo, pero que sienten que con formación, asesoría, apoyo, o consiguiendo motivación, podrían realizar un gran avance.

 -Trabajadores por cuenta propia con dificultades en la gestión de su propia contabilidad y finanzas personales.

 -Emprendedores con poco o nulo conocimiento del ámbito financiero, tanto personal como empresarial, y la gestión de cada uno de estos.

 -Trabajadores por cuenta ajena que valoran sus ingresos pero se sienten incapaces de ahorrar. Aquí incluyo aquellos que reconocen una necesidad de ahorro pero no tienen las herramientas para mejorar su gestión.

Y, generalizando nuevamente, cualquier persona que entienda que una comprometida gestión de sus finanzas personales, traería consigo una satisfacción personal, gracias a la gratificación que ofrece cultivarse a nivel mental y crecer a nivel personal, creando sintonía entre sus finanzas propias y ellos mismos.


Método.

1.- Tras todo lo anterior, el coaching que practico consiste, en primer lugar, en ir a contracorriente. De forma individual y en pequeños grupos, analizamos los pensamientos y hábitos financieros nocivos que se encuentran inmersos en esta sociedad y cultura, y que definen nuestra forma de vida. Es decir, consiste en obtener respuesta a preguntas como:

¿En qué situación financiera me encuentro? ¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Qué emociones me provoca el dinero? ¿Cuál es mi forma de desenvolverme con él? ¿Qué?conductas recurrentes no me permiten avanzar ¿Cuáles son mis propias necesidades financieras?

2.- Después de poner conciencia y alcanzar lo que en Psicoterapia Gestalt se llama vacío fértil, transgredimos la opinión social dando cabida e interiorizando nuevos conceptos financieros.
El vacío fértil consiste en des-aprender lo que actualmente entendemos, para comenzar a construir una nueva base personal.
La Gestalt es una estupenda forma de autoconocimiento en la que sigo formándome y que tiene mucha profundidad en el desarrollo de mi día a día. Se basa en comprender que cada ser humano tiene dentro de sí mismo las herramientas para solucionar cualquier complicación con la que se encuentre. Ya se que a priori puede resultar utópico, pero apoyándome en mi experiencia tras casi dos años de trabajo, es una realidad, solo hay que re-descubrirse y re-potenciarse. Por todo esto tomo prestadas herramientas y principios de Gestalt para el Coaching Financiero que potencian el autoconocimiento externo e interno para el crecimiento personal, en este caso enfocado al desarrollo en la gestión de nuestras Finanzas Personales.
Así pues, en este punto y ya conocida y aceptada la manera en que nos hemos relacionado con el dinero y los motivos por los que nos encontramos en esta situación, utilizaremos los nuevos conceptos para una satisfactoria modificación de hábitos y conductas financieros.

3.- Tras este aprendizaje, se diseña un protocolo de trabajo y se aborda una nueva forma de gestión. En este punto trabajamos principalmente con calculadora, lápiz, papel y archivos excel, y nos apoyamos en la distinta operativa básica bancaria y contable para usarla en nuestro propio beneficio.

4.- Por último, se establecen pautas de control y seguimiento que permiten trabajar sobre los nuevos hábitos, con las herramientas aprendidas. Se trata de apoyar y supervisar con un calendario establecido, que permita asegurar un trabajo alineado con el Plan de Vida Financiero definido, para que cada uno se sienta comprometido, identificado y, por supuesto, motivado. En ocasiones este Plan viene previamente dibujado por el coachee y en otras, lo elaboramos juntos. Es lógico pensar que con el paso del tiempo el Plan definido podrá tener ajustes que lo adecúen a distintas realidades particulares, en función de cambios de vida y desarrollo personal, al entrar en juego otras variables, intereses, objetivos y prioridades.


Como no quiero alargarme demasiado, lo dejamos aquí por hoy. Doy paso al último, y para mí más importante, apartado:
¿Dudas, ruegos, preguntas?

Me gustaría mucho que aquell@s con los que ya he trabajado estos aspectos compartáis en los comentarios vuestras experiencias. Se que es difícil (ya tengo experiencia propia desde la apertura de este blog), pero si las personas que habéis trabajado conmigo nos regaláis vuestra opinión al resto, me ayudaríais a nutrir el blog con múltiples vías de conocimiento: no solo la mía personal, sino la de otros usuarios que nos leen y al propio blog que he comenzado... :-)

Muchas gracias por anticipado.

¿Os sentís dentro de alguno de estos grupos? ¿Conocéis a alguien que sea parte de ellos? ¿Habéis recibido este o algún otro tipo de coaching anteriormente? ¿Cuál fue vuestra experiencia? Me encantará leer vuestros comentarios.

Hasta pronto,

Javier.