martes, 5 de enero de 2016

Mi Diezmo Financiero. El Ahorro




Toda crisis genera cambios y uno de los que más percibo a día de hoy es que la gente habla más del ahorro. Se trata de un buen hábito financiero por lo que me encanta escucharlo.

No obstante, cada vez que se toca este tema de conversación aprecio que la gente toma ese hábito con menos rigor del necesario. Ahorrar no es apretarse el cinturón de vez en cuando para no gastar todo lo que ingresamos, NO.

Ahorrar consiste en olvidarse de una parte de nuestros ingresos y comenzar a funcionar cada mes con el dinero restante.

Ahorrar es acostumbrarnos a vivir por debajo de nuestras posibilidades.

Ahorrar trata de engordar varias “huchas” para incidencias futuras, proyectos o inversiones.

Ahorrar es evitar situaciones incómodas, generarse una estabilidad futura y ganar en tranquilidad.

Ahorrar es tener presente el esfuerzo que supone obtener unos ingresos y poner en valor el tiempo que empleamos para conseguirlo.

El ahorro es, en definitiva, valorarse a uno mismo como corresponde, reconocerse el tiempo de trabajo, incrementar el conocimiento de uno mismo y un hábito financiero saludable y necesario.


Por todo esto, para ahorrar has de acostumbrarte a separar un porcentaje de cada ingreso que obtengas, en pocas palabras, pagarse primero a uno mismo. Antes de empezar a pagar al casero o al banco, las deudas, a las compañías de suministros, al panadero, al médico, al profesor o al terapeuta.

Bastará con apartar un porcentaje cada vez que la cuenta reciba un ingreso, enviarlo a otra cuenta distinta que no tenga pagos, tarjetas asociadas o recibos. Preferiblemente una cuenta con remuneración y, si te cuesta mucho no tocarla cada vez que hay un imprevisto, será mejor que esté en un banco distinto al habitual.

Esto no tiene solo un componente práctico, sino también un componente psicológico. Me explico: si estoy acostumbrado a generar todos los meses 1000 euros, estoy habituado a vivir con esos 1000 euros cada mes. Muchos incluso gastan más porque la sociedad (y el marketing financiero) nos hace comprar con dinero que no tenemos.

Se nos ofrecen hipotecas para una casa, préstamos para un coche, pagar las vacaciones en varios meses o renovar la tele o el ordenador en “cómodos plazos sin intereses”. Conozco mucha gente incluso que se ha gastado la paga extra antes de haberla recibido.

Ahora vas a imaginar que el mismo día que te llega la nómina (o tu ingreso habitual) de tu cuenta salen 50 euros. Es decir, tu nómina ahora es de 950 euros, no de 1000. El primer mes tendrás que apretarte fuerte el cinturón, seguro que el segundo también, probablemente el tercero te costará algo menos, y te aseguro que después de unos cuantos, habrás aprendido tu nuevo sueldo.

La psicología podría decirnos mucho sobre esto. Puedes seguir intentando que te sobre algo todos los meses (porque en el fondo todos queremos ahorrar) y frustrarte cada año que termina cuando te das cuenta de que no lo has conseguido; o poner a trabajar todo ese cerebro porque de repente tu sueldo es más pequeño. Es difícil imaginarse las herramientas que tienes antes de practicarlo.

De repente como no tienes dinero empiezas a sentir algunos gastos innecesarios y mides a conciencia cada vez que vas al super. Tus aficiones son las mismas, pero la forma de emplear tu tiempo libre ha cambiado. Tus necesidades financieras se mantienen, has de devolver los mismos préstamos, comer, mantener a los tuyos, pagar una casa, montón de facturas y disfrutar de la vida. En efecto nada de eso es diferente, es tu cabeza la que te ha acostumbrado a plantear tu vida financiera de una forma novedosa.

Sé que lo que te planteo es difícil, pero créeme es más fácil llevarlo a la práctica de lo que ahora mismo piensas con la cabeza. Nuestro cerebro y nosotros mismos estamos más acostumbrados a adaptarnos de lo que nos creemos, basta con sentirnos en la necesidad para demostrarnos que tenemos unas capacidades que al principio no imaginábamos.

El ejemplo es de 50 euros (un 5% del total de los 1000 euros de ingresos del ejemplo), pero si eres capaz de hacer un 1 o un 2% y poco a poco ir incrementándolo podrás comprobar igualmente el poder de la mente. Ojalá alcanzases el 30, 40 o la mitad de tus ingresos, eso sería realmente un logro. Conseguirías vivir con mucho menos de lo que consigues generar, y no quiere decir que tengas unos ingresos enormes sino que necesitas poco para tu día a día y, como dice el proverbio: “no es más rico quién más tiene sino quien menos necesita”.

En mi experiencia he visto mucha gente con sueldos importantes, ingresos muy envidiables, pero que igual que a ti o a mí, se les hace complicado llegar a fin de mes. A nosotros nos parece que gastan el dinero sin medida en cosas innecesarias, pero han adoptado un mal hábito y consideran necesario y valioso cada pago que hacen.

Comento esto porque los hábitos son modificables y es más sencillo hablar de porcentajes que de cantidades. Si eres capaz de apartar un 10% de todo lo que generas, puedes sentirte muy, muy satisfecho/a. Precisamente por este reto me gusta llamarle Diezmo.

Tengo que decir que hay mucho escrito en la literatura financiera, el cuento que más me gusta es El Hombre más rico de Babilonia (George S. Classon), os lo recomiendo.

Te animo a que lo practiques, a que compruebes el potencial financiero que tienes dentro (hoy probablemente ni lo conoces) y a que disfrutes del buen sabor que deja ver, que pese a la dificultad, has creado una hucha que poco a poco vas engordando.

Una de las causas por las que he podido comprar el piso es porque me pago algo más del 10% de todo ingreso que genero desde que comencé a trabajar. Gracias a eso, contaba con un ahorro que me ha permitido invertir. Ahora con el alquiler este porcentaje ha pasado a casi un 20%.

Me siento muy orgulloso de ello por lo que te animo a que lo pruebes tu también y me expliques en los comentarios. No tengas duda en contactarme si tienes cualquier duda o crees que puedo ayudarte con algún punto.

Que los reyes magos te traigan como regalo una nueva hucha para tu esfuerzo y reconocimiento.